Estos hechos tienen su punto de partida en la ciudad de Madrid, extendiéndose por todos los municipios españoles, como el caso de Málaga, donde estas acciones anticlericales repercutieron mayoritariamente en los enseres y reliquias que los edificios religiosos conservaban en su interior, y que fueron el principal objetivo de los manifestantes. Las primeras horas del suceso fueron bastante relevantes en los hostiles días del 11 y 12 de mayo de 1931, donde la crispación y el odio de parte de la población que se negaba a que las procesiones predispusiesen de un relevante protagonismo y recorriesen las calles de la ciudad ante la exposición de tanta riqueza. Indagando más en la cuestión, en esta tensionada época, el ambiente hostil fue evidente antes y durante los sucesos, debido a la inadecuada actuación de los agentes y otras instituciones competentes, que conllevaría a la destrucción de la mayoría de las imágenes que tenían no sólo un valor sentimental, sino religioso, y que en esa época no se hacía ver ni apreciar el simbolismo que esto poseía, así como del valor arquitectónico y artístico de las edificaciones religiosas. Muchas de estas revueltas fueron provocadas por incontrolados anarquistas que comenzaron a irrumpir en las principales iglesias de la ciudad. Además de estos edificios e instituciones religiosas, la Unión Mercantil fue saqueada y arrasada por unas veinte o treinta personas, que irrumpieron de forma violenta en el interior y rociaron con gasolina las puertas y ventanas prendiéndoles fuego, lo que provocó una gran hoguera por todo el edificio; dándole un aspecto inusual a la céntrica calle de Andrés Mellado hacia las dos de la mañana de la madrugada del 13 de mayo; llamas que persistieron toda esa noche.Estas revueltas, comenzadas en forma de protesta, ocasionaron graves incidentes y disturbios en lugares céntricos, declarándose en la capital del país el estado de guerra con el fin de volver a la normalidad, por lo que se pedía a la población tranquilidad ante los altercados, incluso haciendo acto de presencia el Capitán General de Madrid ante la Puerta del Sol, quien se dirigió a la masa manifestante para reestablecer la calma y transmitiéndoles que el Gobierno cumpliría con su deber. No obstante, dichas revueltas tuvieron una gran repercusión en el resto del país, agitando las conciencias sociales y que acabarán siendo la principal causa de los ataques y las acciones anticlericales que se cometieron en otras ciudades como fue el caso de Málaga. Realmente fueron los propios cofrades los que jugaron un papel principal en el transcurso de estos sucesos, ya que muchos de ellos ocultaron imágenes en sus casas. Aunque dentro de la propia Agrupación de Cofradías hubo dos posturas: aquellos que optaban por la desaparición de la organización, frente a la de aquellos que opinaban que la institución continuase para evitar una de las mayores destrucciones iconoclastas de todo el país.
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