Una mirada al frente; del fervor y la moda
Hace no mucho la Semana Santa era una cosa de tiempos remotos, de padres y de fanáticos, pero poco a poco esta tradición tan nuestra se ha sumergido en tiempos de auge y de prosperidad en todos los sentidos, donde el cofrade hace vida de hermandad desde los inicios de la Cuaresma, los cultos protagonizan relevancia y los tronos listas de espera, algunos de ellas interminables por razones intangibles, la moda a veces perjudica a la devoción, el valor religioso debería de prevalecer en la sociedad malagueña como símbolo de aprecio ante las grandiosas imágenes que imagineros de antaño dejaron como legado en la ciudad de la Costa del Sol, soñemos con tiempos mejores, pensábamos muchos antes de que ser portador fuera una profesión o incluso antes de que las cofradías tuvieran ensayos con sus respectivos tronos para dar lo mejor de sí en su jornada santa, pero a veces olvidamos lo que llevamos y otras muchas recriminamos el trabajo de cada hermano, no hay que caer en el falso testimonio de una visión subjetiva y egocéntrica de cómo debemos de sudar o cuántos vienen a trabajar o únicamente a saludar o a que le enfoquen, los hay que no valen, por supuesto, y debería de haber soluciones pero desde el respeto y no el reproche, es una pena que los móviles sean más importantes para algunas personas que vivir el momento, es la enfermedad más contagiosa de nuestra era contemporánea y aquí sí que hace falta mano dura, la fe está en el interior no en el exterior, cada uno está ahí, o debería estarlo, desde su experiencia en la vida o la admiración de su titular, ése al que todos los años le reza para su prosperidad, ser cristiano debe ser lo más principal para arrimar el hombro y agarrarte al compañero, dar lo mejor de ti en ese pequeño tiempo que pronto se acaba hasta esperar al siguiente año, la vida es corta y es difícil disfrutar cuando todo se pasa rápido.


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