Imaginería
Título: Madera de Fe: Imaginería y devoción.
Si hacemos balance de la repercusión y del impacto que la imaginería ha tenido en la Semana Santa, cabe destacar principalmente la elegancia y esencia que tanta Fe promueve esta tradición tan arraigada a esta festividad, y que todos los años transitan por las calles de Málaga en la semana grande del año, que sin ninguna duda debería de hablarse del genio sevillano Francisco Buiza.
Este gran autor dejó su huella en la ciudad de la Costa del Sol, ante la gran influencia sevillana en los numerosos encargos y obras que reciben por parte de los talleres de la capital andaluza.
Es considerado como uno de los imagineros más prestigiosos de Andalucía, con una gran carrera profesional y de reconocimiento. Nace en Carmona el 23 de abril de 1922 y fallece el 1 de marzo de 1983, llegando a convertirse en uno de los escultores andaluces más reconocidos y valorados de la Semana Santa, debido a su extensa trayectoria profesional, representando en cada una de sus obras un estilo neobarroco y llevando a cada imagen hasta el mayor dramatismo y angustia, que fueron destinadas hacia un fin procesional. Se inspira sobre todo en figuras clásicas del arte barroco sevillano del siglo XVII como Murillo o Juan de Mesa.
En la ciudad malacitana deja como legado el Cristo de la Agonía del año 1972, el Cristo de la Humildad, María Santísima de la Trinidad Coronada de 1968 o Nuestra Señora de la Caridad en el año 1948, en sustitución a la imagen anterior de Prados López, siendo la primera dolorosa realizada por el imaginero. Fue inspiración de muchos de los artistas posteriores, como es el caso de Luis Alvarez Duarte, que fue alumno del propio Buiza, por lo que tendrá una gran admiración por los sucesores en el oficio, un hecho que le hace consolidarse en el más alto nivel de prestigio cofrade.
La imaginería andaluza en el siglo XX ha sido crucial para el entendimiento de esta festividad y del fervor que causan en millones de personas, además de la devoción que inunda las calles cada año en cualquier rincón de Andalucía, por lo que el gran valor, no sólo religioso sino cultural, ha convertido estas magníficas obras en un sentimiento común, una forma de predicar y de profesar la religión católica, y acercando este tipo de esculturas y muestras artísticas a la calle, con independencia de las creencias religiosas.
Málaga acogió con gran ilusión todas y cada una de estas nuevas obras que con el paso del tiempo ha ido teniendo una gran veneración y fervor por parte de la ciudadanía en las diferentes provincias del entorno.
El legado de un genio se plasma en el arte bendecido reflejado en la verdadera forma de entender el significado de la vida y la muerte, un acto de valentía frente a la pasión de Cristo, la mirada de su madre y la gloria representada en bondad cristiana que transmite esa emoción por la que muchas personas cada año esperan por ver en las calles para realizar su estación de penitencia con destino al cielo.
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