En la capital de la Costa del Sol la Guerra Civil discurrió entre julio de 1936 y febrero de 1937, cuando finalmente la localidad fue tomada por el “Bando Nacional”, por lo que durante este tiempo se produjeron algunos acontecimientos bastante parecidos a los ya ocurridos en 1931. Entre ellos el asesinato del fundador de la Agrupación de Cofradías Antonio Baena Gómez.
Su muerte sorprendió a la sociedad y a las cofradías, ya que murió fusilado en los alrededores del cementerio de San Rafael en agosto de 1936, concretamente el 22 de agosto, un mes después de comenzar la guerra, por el bando republicano, conocido popularmente como “rojo”. La causa principal fue su ideología de derechas y que le llevó a ser detenido por una patrulla de la Guardia de Asalto a través de una orden gubernativa. Ante esta situación se decidió finalmente no realizar desfiles procesionales ese mismo año; habría que esperar a la toma de la ciudad por las fuerzas de Queipo de Llano y la finalización del conflicto civil para que la Semana Santa malagueña volviese a renacer en 1939.
El 8 de febrero de 1937, dos días antes del comienzo de la Cuaresma, Málaga es tomada por las tropas nacionales, poniéndose fin a las hostilidades. Las nuevas autoridades del régimen tuvieron bastante interés en la reactivación del culto religioso en la Semana Santa de aquel año, que debía de celebrarse entre los días 21 y 28 de marzo. Sin embargo, la realidad era dificultosa para la vuelta de las procesiones debido a la pérdida y desaparición de efigies e imágenes religiosas, además de la situación de penuria económica por la que atravesaba la ciudad por aquel entonces. Finalizada la Guerra Civil en Málaga, febrero de 1937, con la entrada del “Bando Nacional”, se alcanzó un acuerdo entre la Agrupación de Cofradías y las autoridades eclesiásticas, permitiéndose la salida de la Virgen de los Servitas el Viernes Santo de aquel año con el fin de intentar normalizar las procesiones, como así ocurriría posteriormente.
Tras el permiso concedido por la diócesis, esta imagen fue procesionada, no siendo casualidad que esta Orden terciaria de Siervos de María fuese la elegida para ser la única en recorrer las calles de la ciudad el Viernes Santo de ese año. Esto se debe a que la antigua efigie se salvó no siendo dañada en ninguno de los sucesos del 1931 y 1936 respectivamente, además de la religiosidad y el respeto que esta Virgen transmitía a sus devotos.
La Semana Santa en los años de la contienda fueron algo difíciles para el trascurrir de las procesiones, además de los problemas que debían de afrontar muchas de las Hermandades. Un ejemplo fue la disolución de la Cofradía de la Columna tras su salida procesional en 1936. Al año siguiente, únicamente desfiló la Orden terciaria y el Sepulcro el Viernes Santo; y el Resucitado el Domingo de Resurrección, mientras que en 1939 se consiguió que las demás hermandades, que estuviesen en condiciones de procesionar, volvieran a realizar su estación de penitencia por las calles de Málaga con la vuelta de varios cortejos como la Cena el Domingo de Ramos o la Columna (Gitanos) el Lunes Santo. Un retorno de la tradición tras el desastre y descontrol, duros años en una sociedad bastante polarizada y confrontada por la situación de la época.
De izquierda a derecha; Imagen de Servitas de Fernando Ortiz y antigua imagen de Cristo Resucitado en 1938.
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