¡Y nunca perderte Esperanza!

Publicado el 12 de enero de 2026, 14:25

El año 1931 marca un antes y un después para la vida cofrade de la ciudad de Málaga, un hecho que nunca debería haber sucedido, puesto que numerosas cofradías de la ciudad recibieron un duro golpe tras los graves altercados acontecidos en el mes de mayo de ese mismo año, sufriendo daños irreparables ante una acción que muy probablemente se podría haber evitado.

Los sucesos del mes de mayo del 1931 en la ciudad de Málaga se han considerado como uno de los altercados más graves dentro del ámbito anticlerical de toda España, y que además de a todo esto, se le sumó el desorden que propició un clima de hostilidad y manifestaciones ante el problema que sufría la nación en cuanto a la desigualdad de la riqueza cultural y económica que la Iglesia ostentaba por aquel entonces. Estos episodios ocurrieron en los días 11 y 12 de mayo de ese mismo año, un acto que dejó un patrimonio totalmente destruido en muchas de las hermandades procesionales, en un momento en el que la Semana Santa de Málaga comenzaba a resurgir.

Aires de Respiro a Esperanza en Santo Domingo

Cuando sucedieron los fatídicos acontecimientos de mayo de 1931, la Archicofradía del Nazareno del Paso y la Virgen de la Esperanza se ubicaban en la Iglesia de Santo Domingo, otra de las muchas sedes de hermandades que fueron acogidas en este templo tan simbólico en la ciudad. La antigua hechura del titular cristífero quedo destruida por completo, “El moreno”, una talla de renombre y de grandioso valor y devoción, que data de principios del siglo XVII, una pérdida bastante dolorosa para la entidad. En 1935, el escultor valenciano Mariano Benlliure realizó en Madrid la hechura del nuevo cristo procesional, que sería bendecida finalmente el 13 de marzo de 1940 en la propia parroquia de Santo Domingo.

María Santísima de la Esperanza es otro de los símbolos malagueños más relevantes para comprender y valorar la esencia de la verdadera armonía y fervor hacia la imagen mariana tan icónica de esta ciudad. Es una obra anónima perteneciente al siglo XVII, salvándose la cabeza de la tragedia de las indeseables jornadas de mayo de 1931. Destaca un protagonista en la inevitable quema de imágenes, un joven llamado Francisco Sánchez Segarra, un salvador, que consiguió entrar en la iglesia repleta de escombros aquel 12 de mayo y cogió la testa de la imagen del suelo con el fin de protegerla de los altercados y la escondió en una droguería ubicada cerca de la iglesia, un hecho que se conoció tres meses después debido al temor de los cofrades ante el inmenso sentimiento antirreligioso que existía en la Segunda República.

Realmente fueron los propios cofrades los que jugaron un papel principal en el transcurso de estos sucesos, ya que muchos de ellos ocultaron imágenes en sus casas, un acto de valentía y resistencia ante la intolerancia y la falta de sensibilidad hacia obras de gran valor a nivel histórico y religioso, un resquicio de Fe ante el desastre.

Virgen de la Esperanza de Málaga tras los sucesos de 1931

Virgen de la Esperanza en su trono procesional el Jueves Santo

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